
En nuestra última cata, tuvimos la oportunidad de descubrir cómo detrás de cada taza hay toda una historia de matices y origen.
El Arábica (500 g, grano), café de especialidad Guamá, nos sorprendió con su elegancia: aroma a canela y toques florales, un sabor dulce que recuerda al chocolate con un final sutil a regaliz. Cuerpo sedoso, acidez ligera. Un café para tomarse con calma.
El Robusta (1000 g, grano), Café Frente Oriental en cambio, se presenta sin rodeos: perfil intenso, sabor potente con notas a madera y maíz tostado y ese ligero amargor a chocolate negro que se queda en el paladar. Acidez baja y un postgusto persistente que invita a la conversación.
Ambos con un contenido de cafeína del 0,7% y procedentes de Comercio justo. Un buen café también puede ser un café consciente.

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