8M: La voz de Francesca Albanese y el eco de las presas palestinas, dos frentes de una misma lucha

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer nos interpela a mirar las realidades de aquellas que luchan en contextos extremos. Este año, la fecha adquiere una dimensión particularmente simbólica al conectar dos realidades: la persecución internacional que enfrenta la jurista italiana Francesca Albanese, relatora de la ONU para los territorios ocupados palestinos, y la situación de las miles de mujeres palestinas que permanecen como presas políticas en cárceles israelíes. Ambas, desde trincheras diferentes, son silenciadas por decir la verdad sobre la ocupación.

El crimen de decir la verdad: la cruzada contra Francesca Albanese

Francesca Albanese se ha convertido en un blanco incómodo para varios gobiernos occidentales. Su «crimen»: documentar y denunciar con rigor jurídico las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Palestina. Recientemente, los gobiernos de Francia, Alemania e Italia han solicitado su dimisión, acusándola de utilizar un discurso que consideran «antisemita» tras unas declaraciones en un foro de Al Jazeera en Doha.

En ese discurso, Albanese se refirió a la necesidad de enfrentar un «enemigo común de la humanidad». Una frase que sus detractores interpretaron como un ataque al Estado de Israel. Sin embargo, como ella misma aclaró y diversas organizaciones han respaldado, sus palabras iban dirigidas contra el sistema internacional que permite y sostiene lo que ella no duda en calificar como «genocidio» en Gaza. Amnistía Internacional salió en su defensa, señalando que los gobiernos europeos basaron sus acusaciones en un «vídeo manipulado» y exigiendo una retractación pública.

Esta ofensiva no es nueva. En julio de 2025, la administración de Donald Trump impuso sanciones contra Albanese, congelando sus activos y prohibiéndole la entrada a Estados Unidos. Su propia familia ha llevado el caso a los tribunales, argumentando que estas medidas violan derechos constitucionales y buscan «arruinar la vida de una persona porque no están de acuerdo con sus recomendaciones». A pesar de la presión, figuras públicas como el economista Yanis Varoufakis o la activista Hanan Ashrawi la han defendido, describiéndola como «una de las personas más valientes del planeta».

La otra cara de la lucha: las presas políticas en Palestina

Mientras Albanese se enfrenta a una campaña de desprestigio en los pasillos de la ONU y los tribunales internacionales, en Cisjordania y Gaza, miles de mujeres viven el conflicto desde el otro lado: el de la ocupación directa. Es crucial contextualizar su lucha dentro de la realidad de las mujeres palestinas. Las presas políticas palestinas son el símbolo de una resistencia que enfrenta no solo la violencia de la ocupación, sino también un sistema de detención administrativa que viola el derecho internacional.

Estas mujeres son detenidas, juzgadas en tribunales militares y, en muchas ocasiones, sometidas a condiciones carcelarias severas. Su lucha, invisibilizada para gran parte de los medios occidentales, es también una lucha feminista. Es la resistencia contra la ocupación, pero también contra un sistema que busca quebrar su dignidad y su voz.

8M: Un hilo conductor entre Ginebra, Ramallah y las cárceles israelíes

La conexión entre la situación de Francesca Albanese y las presas palestinas es profunda y simbólica. Ambas representan una misma batalla: la de alzar la voz frente al poder. En el caso de Albanese, el poder se manifiesta en la presión diplomática de los estados que la quieren silenciar para que no documente los crímenes de guerra. En el caso de las presas palestinas, el poder se manifiesta en el muro, la celda y el uniforme carcelario.

Amnistía Internacional ha denunciado que los ataques contra Albanese son una «cortina de humo» para desviar la atención de los crímenes que Israel comete en Gaza. Del mismo modo, la invisibilización de las presas políticas busca ocultar el rostro femenino de la resistencia palestina. La lucha de Albanese es la lucha de las presas: ambas desafían la narrativa oficial que pretende justificar la ocupación.

Este 8 de marzo, cuando se conmemora el Día de la Mujer, es indispensable recordar que el feminismo no puede ser selectivo. No puede defender los derechos de las mujeres en algunas partes del mundo mientras se calla ante el sufrimiento de otras. Francesca Albanese, desde su puesto en la ONU, resiste para que la verdad no sea enterrada bajo los escombros de Gaza. Las presas palestinas, desde sus celdas, resisten para que el mundo no olvide que detrás de cada presa política hay una mujer, una madre, una hija, cuya libertad sigue siendo una deuda pendiente.

La historia, como bien apuntó un historiador en apoyo a Albanese, juzgará a quienes callan y a quienes, como ella y las mujeres palestinas, tienen el coraje de hablar. Que este 8M sirva para amplificar sus voces, no para silenciarlas.

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