
En la madrugada del 3 de enero se perpetra la invasión a la República Bolivariana de Venezuela y el
secuestro de su presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa y diputada por la Asamblea Nacional Cilia
Adela Flores.
Es un ataque coordinado donde participan, según el Ministerio de Guerra de los Estados Unidos, la fuerza
Delta, entrenada para misiones especiales de alto riesgo, el Regimiento 160 de Operaciones especiales,
que tiene el pintoresco nombre de “acosadores nocturnos”, las Fuerzas del Ejército, la Armada, la
Infantería de Marina, la Fuerza Aérea, el comando Cibernético, comandos Espaciales, la CIA, el FBI y la
Justicia Federal.
Se bombardean con aviones y helicópteros distintos lugares del territorio soberano de Venezuela, bases
militares, antenas de comunicaciones, se provocan apagones generalizados y bloqueos de redes como
WhatsApp y otras comunicaciones con el saldo trágico de cientos de muertos y heridos, entre ellos 32
combatientes internacionalistas cubanos, encargados de la custodia del presidente Maduro.
Conocemos que el presupuesto militar de Los Estados Unidos es el más alto de la historia, según propios
datos dados por el pentágono y la presente administración. El costo total de la invasión y el despliegue
para el secuestro permanece desconocido y silenciado por ahora; Scott Bessent, Secretario del Tesoro,
todavía no proporciona datos al respecto.
La Lucha por El relato
Ante la estupefacción y el asombro que conmueve al mundo en este comienzo de año, se desata la “guerra
cognitiva” en las “redes antisociales”; y en los platós de las televisiones, donde se agolpan decenas de
papagayos mediáticos convertidos en tertulianos que sueltan todo tipo de especulaciones y maniobras de
distracción. Por otra parte, la prensa internacional y en particular la europea, vacila entre una tímida
condena y una encubierta justificación lanzada desde los laboratorios del Imperio. Aquí y allá se suceden
las discusiones sobre si falló la defensa aérea, si no se disparó apenas algún tiro, si tal o cual general hizo
de topo, si hubo traición a la memoria del Comandante Chávez y opiniones similares. La intoxicación
continua e incluso contagia al campo progresista y a parte de la izquierda; toda argumentación parece
válida para dividir y distraer del verdadero objetivo del imperialismo realmente existente: derrocar al
chavismo y después el saqueo.
Los días fueron pasando y la niebla mediática se fue disipando; de ello en parte se encarga el narcisista y
boca chancla Donald al declarar que “no es la democracia lo que está en juego en Venezuela, sino el
petróleo que es nuestro”, es decir es suyo y que la flamante premio Nobel de la paz no es lo suficiente
reconocida para gobernar en su país. Nuestros avispados lectores ya a estas alturas se preguntarán cómo es
que si los opositores, obtuvieron, como dicen, más del 70 % en las últimas elecciones y las ganaron (¿las
ganaron?), no salen a las calles y si en cambio miles y miles del pueblo bolivariano se movilizan en las
principales ciudades del país reclamando la vuelta de Nicolás y Cilia. ¿No era que el señor Edmundo
González Urrutia era el legítimo presidente? Afirmaciones acaso escuchadas hasta el hartazgo en nuestros
patrióticos medios durante meses.
La crudeza con la que el presidente estadounidense ha declarado sus objetivos contrasta con las mentiras
que envolvieron la invasión de Irak en 2003. Hacerse con el petróleo de Venezuela formaría parte de un
plan que a largo plazo busca limitar el poder de los países de la OPEP y ganar influencia en detrimento de
China. No obstante, el acceso a las enormes reservas de Venezuela es costoso y requiere tiempo, lo que
arroja dudas sobre la viabilidad de las inversiones de las petroleras de Estados Unidos en Venezuela.
¿Y ahora qué?
Quedan todavía detalles y circunstancias por aclarar; al parecer con el correr de los meses se irán
sucediendo más informaciones, pero una pregunta central nos convoca:
Si el operativo y bombardeo de un país Sudamericano se salda con el secuestro de un presidente, ¿hacía
falta tanto y costoso despliegue militar? ¿o es que el objetivo era más ambicioso y fracasó?
Y puestos a especular por nuestra parte, en marzo cuando el presidente Maduro sea nuevamente
presentado ante el juez designado por el Departamento de Justicia – el mismo que afirmó hace unos días
que el “Cártel de los Soles” nunca existió – se convierta en una patata caliente para el sistema judicial
estadounidense, o bien con una defensa sólida o con una gran farsa judicial al estilo que nos tiene
acostumbrado Hollywood.
Para una mejor información sobre Venezuela recomendamos este sitio web
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