Un sistema de salud pública bajo asedio

Gerardo Delgado, educador cubanoamericano residente en Miami.

Una de las visitas más significativas fue a una policlínica de barrio en La Habana. Estas clínicas son la columna vertebral del sistema de salud pública de Cuba. Los médicos viven en el segundo piso, encima de donde trabajan. Conocen a cada paciente de su comunidad por su nombre. Atienden tanto la salud física como la psicológica, y representan un modelo de atención que prioriza a las personas por encima del lucro.

Pero los médicos que conocí se enfrentan a limitaciones desgarradoras. Son profesionales altamente capacitados que saben exactamente lo que sus pacientes necesitan y que conocen la existencia de esos tratamientos. Debido al embargo estadounidense, no pueden acceder a ellos. Imagínense vivir cada día con la capacidad de curar y verse bloqueados por un bloqueo político y económico.

Llevamos lo que pudimos: 2850 kilos de suministros médicos entregados por nuestra delegación, incluyendo equipo neonatal, analgésicos, catéteres y otros materiales esenciales, valorados en 433 000 dólares, y aún más en cantidades incalculables, metidos en equipaje de mano y bolsas personales, sacrificando espacio para nuestra propia ropa y artículos de aseo. Los médicos cubanos nos contaron sobre noches en las que se corta la luz y los estudiantes de medicina corren a buscar respiradores, bombeando aire manualmente durante horas hasta que se restablece la electricidad. Salvan vidas con sus propias manos.

 

Sistemas fotovoltaicos para el sistema de salud de Cuba

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