¿Quién tomará el testigo? El reto del relevo generacional en las organizaciones sociales

Las organizaciones sociales llevan años hablando entre ellas de un problema que pocas veces llega al gran público: cada vez es más difícil encontrar personas que quieran asumir responsabilidades dentro de ellas. No hablamos solo de voluntariado puntual, sino de compromiso sostenido, de implicación en la toma de decisiones, de hacer propios los proyectos colectivos.

Los datos del sector confirman lo que muchas organizaciones viven en el día a día. En las ONG españolas, solo el 10% de los miembros de los órganos de gobierno tiene menos de 45 años, y el 28% se incorpora con más de 60. El problema, sin embargo, no es que las personas jóvenes no estén comprometidas con las causas sociales. Un estudio sobre participación juvenil de Solidariedade Internacional de Galicia concluye que casi ninguna persona joven dice que la participación no le interesa. Las principales barreras que señalan son la falta de tiempo, la falta de información y la ausencia de recursos y ofertas adecuadas. Es decir, el problema no es la voluntad, sino las condiciones. El mismo estudio apunta que los temas que más preocupan e interesan a la juventud son el feminismo y la igualdad de género, el medio ambiente y la justicia social — exactamente las causas que vertebran el trabajo de organizaciones como la nuestra.

¿Por qué entonces esa brecha entre intención y acción? La precariedad es parte de la respuesta. Cuando la energía del día a día se consume en sostener lo básico —el alquiler, la estabilidad laboral, el futuro—, el compromiso sostenido con una organización se convierte en algo difícil de mantener. Pero hay algo más estructural. Las dificultades no son solo de la juventud: son también de las propias instituciones para adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas formas de ser y de hacer. El estilo de participación ha cambiado. Es más reactivo, más puntual, más horizontal. No encaja fácilmente en estructuras pensadas hace más de treinta años. Y la convivencia entre generaciones dentro de una organización, cuando se logra, no es un problema sino una oportunidad: combina la experiencia acumulada con nuevas formas de mirar y de hacer, generando entornos más creativos y resilientes.

En SODePAZ llevamos tiempo reflexionando sobre esto. No como una amenaza, sino como una pregunta legítima que cualquier organización con historia debe hacerse: ¿cómo aseguramos que lo que hemos construido tenga continuidad? ¿Cómo transmitimos no solo las tareas, sino el sentido de lo que hacemos? Y sobre todo: ¿qué tenemos que cambiar nosotras para que otras personas quieran sumarse?

Estas son también preguntas que hemos debatido abiertamente con organizaciones hermanas con las que compartimos historia y valores: SODEPAU Catalunya, SODEPAU País Valencià y CIDAC de Portugal. En ese encuentro surgieron reflexiones incómodas pero necesarias. La gente joven, dijimos, no es que no milite: es que milita de otra manera. Se moviliza en torno a causas concretas —Palestina, la emergencia climática, la vivienda— de forma más puntual y menos institucional. En Barcelona, por ejemplo, son personas jóvenes quienes están moviendo con más fuerza la causa palestina, pero lo hacen desde fuera de las estructuras organizativas tradicionales. En Valencia, agencias de festivales punk llaman a SODEPAU para charlas sobre Palestina: la causa llega, pero los marcos organizativos no siempre acompañan.

También pusimos sobre la mesa algo que pocas organizaciones dicen en voz alta: nuestros espacios se han convertido en muchos casos en lugares de empleo para personas jóvenes, pero no de militancia. Somos referentes para prácticas de máster y de formación especializada, pero eso no se traduce en compromiso a largo plazo. Y la pregunta que quedó flotando en aquel debate fue la más honesta de todas: ¿es nuestra obligación hacernos atractivas para la gente joven, o si nuestras organizaciones perecen con sus miembros ya mayores, simplemente habrá sido así, y la gente joven encontrará sus propios espacios para la movilización?

En SODePAZ creemos que vale la pena intentarlo. Que el relevo no se resuelve esperando, pero tampoco culpando a quienes no llegan. Requiere planificación, apertura y voluntad real de ceder protagonismo, y preguntarse qué tenemos que cambiar nosotras, no solo qué tienen que hacer los demás.

Creemos que el futuro de la cooperación y la solidaridad internacionalista pasa por organizaciones vivas, capaces de renovarse sin perder su esencia.