Los días 16 y 17 de septiembre se celebraron las dos últimas sesiones de la formación sobre enfoques feministas e interseccionales impulsada por la Coordinadora Galega de ONGD junto a la Xunta de Galicia. El objetivo: incorporar mejores formas de hacer cooperación feminista en contextos cada vez más adversos, y que las conclusiones de estas jornadas alimenten el nuevo Plan Director de Cooperación Galega para los próximos cuatro años.
Despatriarcalizar y descolonizar la cooperación
La primera sesión, titulada “A urxencia de despatriarcalizar e descolonizar a cooperación internacional”, arrancó con la intervención de María Galindo, psicóloga, activista, comunicadora radial y artista boliviana, cofundadora del colectivo Mujeres Creando y una de las voces más influyentes del feminismo latinoamericano. Galindo cuestionó el propio término “cooperación internacional”, que a su juicio debería llamarse “restitución”, dado el legado colonial y extractivista que atraviesa la relación entre el Norte y el Sur global, y denunció la existencia de una “tecnocracia de género”: categorías impuestas desde el Norte, como “empoderamiento”, que en la práctica han derivado en mecanismos de endeudamiento de mujeres empobrecidas a tasas de interés muy elevadas.
Expuso, también, su tesis de la despatriarcalización, entendida como un proceso que ya está en marcha de forma subterránea (lo que llama “feminismo intuitivo”), como método para desarmar el patriarcado pieza por pieza sin caer en la lógica homogeneizadora de los movimientos identitarios, y como utopía que no busca la inclusión en el sistema sino su transformación: “no queremos inclusión, queremos revolución”. Introdujo, además, el concepto de “alianzas insólitas” (vínculos entre sujetos a los que históricamente se les ha impedido relacionarse entre sí) y relató, en el turno de preguntas, las amenazas de muerte y el hostigamiento que sufre por su activismo, defendiendo la alegría como forma de resistencia frente a la lógica de la victimización.
A continuación, la periodista e investigadora Zinthia Álvarez Palomino, especializada en migraciones y memoria decolonial, planteó una pregunta de partida: quién tiene el poder de decidir qué significa “ayudar” dentro de las organizaciones. Argumentó que la cooperación internacional no es neutral, porque reproduce una idea de conocimiento “objetivo y universal” que en realidad responde a un lugar de enunciación muy concreto (blanco, europeo, masculino, de clase dominante), y que esa lógica organiza desde cómo se entiende el tiempo (lo rápido como eficiente, lo lento como atraso) hasta quién decide sobre los recursos o qué conocimiento se considera válido. Frente a ello, propuso herramientas prácticas: revisar quién participa y quién decide en cada espacio, usar un lenguaje situado y accesible, redistribuir protagonismo y recursos, hacer visible el propio lugar de poder y negociar con las entidades financiadoras plazos y condiciones más ajustados a los procesos reales.
Cooperar en contextos hostiles
La segunda mesa reunió los testimonios de tres organizaciones que trabajan en contextos de fuerte hostigamiento hacia los feminismos. Rocío Gutiérrez, del Movimiento Manuela Ramos (Perú), describió el impacto de la reciente “ley anti-ONG” peruana, que exige conformidad previa de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional para ejecutar proyectos, prohíbe usar fondos para movilizaciones y ha disparado la carga de fiscalización de las organizaciones. Morena Herrera, de La Colectiva (El Salvador), habló de un contexto de “totalitarismo moderno” marcado por la ley de agentes extranjeros, y explicó cómo algunas organizaciones han optado por renunciar a su personería jurídica, buscando vías alternativas de financiación. Rosa Benicia Maradiaga, de la Asociación de Mujeres Defensoras de la Vida (Honduras), contextualizó su intervención en la crisis alimentaria que atraviesa el sur del país por falta de lluvias, y pidió mayor flexibilidad para reorientar proyectos hacia emergencias sobrevenidas.
Las tres coincidieron en varias recomendaciones para la cooperación gallega: proyectos de mayor duración y calendarios más flexibles, ajustados a los tiempos reales de los procesos sociales; revisión de exigencias administrativas que generan vacíos presupuestarios o cargas desproporcionadas; y mayor previsión de partidas para comunicación, clave para disputar narrativas frente a los discursos antiderechos. El debate final giró en torno a la posibilidad de crear fondos comunes o plataformas regionales entre organizaciones y financiadores, para no depender de una única fuente ante un contexto cada vez más incierto.
Organizaciones habitables: la experiencia de REAS Euskadi
La segunda jornada, “Será habitable ou non será. Outras organizacións para outras economías”, estuvo a cargo de Zaloa Pérez Hernandorena y Silvia Piris Lekuona, de REAS Euskadi, red de economía social y solidaria de Euskadi formada por más de 130 organizaciones. Presentaron el proceso Bizigarri, su plan de transformación organizacional feminista, activo desde 2018 y sostenido gracias al compromiso institucional (una comisión específica con presupuesto propio) y al apoyo económico continuado de la Agencia Vasca de Cooperación.
Entre las herramientas generadas destacaron las “reuniones habitables”, con roles de cuidado rotativos; un diccionario feminista para la economía solidaria; y la publicación “Ser habitable o no será”, dirigida a organizaciones pequeñas. Silvia Piris presentó además el proceso de política laboral feminista impulsado junto a Setem y Mugarik Gabe desde 2022, centrado en cinco ámbitos (tiempos, condiciones económicas, organización del trabajo, capacidades y participación, espacios e identidad y clima laboral) y plasmado en una propuesta de diez principios y veinte acuerdos, pensada como mapa de referencia y no como estándar cerrado.
El debate final abordó una pregunta que atravesó toda la jornada: cómo dedicar tiempo y recursos a estos procesos internos sin que ello se perciba como un privilegio frente a organizaciones de otros territorios que sufren persecución directa. La respuesta de las ponentes fue clara: no se trata de una elección excluyente, y el trabajo interno de revisión organizacional incide directamente en cómo se construyen las alianzas con las socias del Sur.
La sesión terminó sin conclusiones definitivas, pero con un compromiso firme: trasladar estos aprendizajes al contexto gallego y recoger todo lo compartido en ambas jornadas en un documento de propuestas que se compartirá con las organizaciones socias, como insumo directo para el nuevo Plan Director de Cooperación Galega.

