Viviendas que cuidan, energías que conectan: apuntes desde el Horizonte 2030

El pasado 27 de mayo, el Ateneo de Madrid y el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 acogieron una nueva sesión del ciclo Voces del Desarrollo Sostenible, organizada por la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS-SDSN Spain). Bajo el título “Horizonte 2030: un país que se construye desde el bien común”, la jornada reunió a responsables públicos, técnicos y entidades sociales, entre las cuales se incluye SODePAZ, para hablar de algo que toca de cerca a cualquier organización de cooperación: cómo construir comunidades más justas, sostenibles y resilientes, en clave de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 6, 7, 9 y 11, que este año entran en su proceso de revisión.

La vivienda abrió el debate. Begoña Alfaro, consejera de Vivienda del Gobierno de Navarra, explicó cómo la declaración de zonas de mercado residencial tensionado ha permitido limitar precios de alquiler en 21 municipios navarros, con una reducción media del 7%. Más allá de esta medida a corto plazo, apuntó hacia un horizonte de regulación de habitaciones, contratos de temporada y pisos turísticos, y hacia algo que conecta directamente con la cultura del trabajo en red propia de la cooperación: fortalecer la relación con el tercer sector y los proyectos de vivienda cooperativa.

Eva García Chueca, del Área Metropolitana de Barcelona, llevó la mirada hacia el territorio. Con 36 municipios coordinados bajo una gobernanza multinivel, Barcelona y otros 16 “nodos de centralidad” buscan romper con la idea de la vivienda como unidad aislada: una casa solo es digna si está conectada con redes, servicios y movilidad. Es la misma lógica sistémica que cualquier proyecto de desarrollo territorial necesita para no quedarse en intervenciones puntuales.

El bloque energético, a cargo de Juan Ortiz (director general de ECODES) y del secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, ofreció uno de los datos más reveladores de la jornada: solo el 30% de las comunidades energéticas existentes en España logra reducir efectivamente la pobreza energética de sus vecinos. El reto no es solo crear comunidades, sino dotarlas de un enfoque social más amplio, gestores sólidos y apoyo financiero sostenido para que funcionen como verdaderos instrumentos de cohesión social y no solo como infraestructura técnica. Groizard recordó, además, que la tecnología renovable española es ya uno de los principales productos de exportación del país, y defendió el autoconsumo colectivo como herramienta para hogares vulnerables.

Por parte del Ministerio de Derechos Sociales, se planteó otra pieza clave: una definición de vulnerabilidad que incorpora el reto de las “soledades” como cuestión de resiliencia social, y la necesidad de una adaptación social ante la crisis climática que proteja derechos y reduzca desigualdades en lugar de profundizarlas. La innovación social, se insistió, debe entenderse como un capital del Estado arraigado en los territorios, no como un añadido experimental.

Por la tarde, mantuvimos una reunión a puerta cerrada en la que, a modo de lluvia de ideas, las entidades sociales invitadas expresamos dudas, comentarios y valoraciones sobre los avances efectivamente alcanzados en los ODS 6 (agua y saneamiento) y 7 (energía).

Nos llamó la atención que el sector productivo que más agua consume sea la agricultura, con un 80% del total; que España ya haya superado en más del 100% la meta de la Agenda 2030 de producción agrícola ecológica; y que esa producción se dirija fundamentalmente a la exportación y no al consumo de su propia población.

Las preguntas que atravesaron la jornada —cómo garantizar el acceso a la vivienda y a la energía sin dejar atrás a quienes son más vulnerables, cómo construir comunidad desde lo colectivo— son, en el fondo, las mismas que SODePAZ se plantea en sus proyectos de cooperación. La transición ecológica y social, ya sea en un barrio de Pamplona o en una comunidad de Cuba, exige soluciones arraigadas en el territorio y construidas junto a quienes las habitan.