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INTELIGENCIA ARTIFICIAL, PODER Y SUR GLOBAL: ¿QUIÉN DECIDE, QUIÉN ASUME LOS RIESGOS?

En las últimas semanas, ha corrido como la pólvora la noticia de un exempleado de una gran empresa de inteligencia artificial que ha alertado públicamente sobre los riesgos de la tecnología que él mismo ayudó a construir. Sus declaraciones llegan después de que varias compañías del sector hayan reconocido incidentes de seguridad a lo largo del año: sistemas que se han saltado los límites que se les habían fijado, herramientas que han accedido sin autorización a infraestructuras ajenas, y una preocupación creciente entre la propia comunidad científica sobre hasta qué punto estas tecnologías pueden mantenerse bajo control a medida que se vuelven más potentes.

El debate suele plantearse en términos casi de ciencia ficción: máquinas que escapan a nuestro control, sistemas más inteligentes que los seres humanos. Pero desde SODePAZ nos interesa hacer una pregunta distinta, menos espectacular y más urgente: ¿quién está tomando estas decisiones, y en nombre de quién?

La inteligencia artificial se está desarrollando casi en su totalidad en un puñado de países del Norte global y por un número muy reducido de empresas privadas. Son ellas las que deciden qué riesgos son “aceptables”, qué salvaguardas se aplican y a qué ritmo se despliega la tecnología en el resto del planeta. Mientras tanto, buena parte de los países del Sur global no participan en ese debate, pero sí reciben sus efectos: desde la extracción de minerales críticos para fabricar el hardware que sostiene estos sistemas, hasta el trabajo mal pagado y muchas veces invisible de miles de personas —con frecuencia en países empobrecidos— que etiquetan datos y moderan contenidos para entrenar estos modelos.

Y hay un impacto que suele quedar fuera de los grandes titulares: el consumo de recursos naturales que exige toda esta infraestructura. Entrenar y operar los modelos de IA requiere centros de datos que consumen cantidades enormes de electricidad y agua para su refrigeración, y Naciones Unidas ha advertido que esta demanda podría duplicarse antes de 2030. El problema es que esos recursos no son globales: el agua que consume un centro de datos se extrae de una cuenca concreta, y la factura la paga la comunidad que vive alrededor. En varios países de América Latina y África, la instalación de estas infraestructuras ya compite directamente por agua y energía con comunidades que sufren estrés hídrico o cortes eléctricos habituales. Es el mismo patrón extractivo que hemos visto durante décadas con otros recursos naturales, ahora aplicado a los “recursos” que alimentan la inteligencia artificial.

A esto se suma una brecha que ya conocemos bien desde la cooperación internacional: la brecha digital. Mientras en el Norte global se debate sobre superinteligencia y pérdida de control, comunidades enteras en el Sur global siguen sin acceso estable a internet, a electricidad o a formación tecnológica básica. La conversación sobre los “riesgos futuros” de la IA corre el peligro de dejar fuera, una vez más, a quienes ya sufren hoy sus consecuencias más concretas: la automatización de empleos precarios, la vigilancia digital de poblaciones migrantes y refugiadas, o el uso de estas herramientas en conflictos armados y de control social en contextos donde los derechos humanos ya están debilitados.

La inteligencia artificial no es solo una cuestión técnica. Es, también, una cuestión de justicia global y, como tal, merece estar en la agenda de la solidaridad internacional.

DE BILBAO AL CÉSPED: CONTRA EL GENOCIDIO, TODOS LOS ESPACIOS CUENTAN

Los días 5 y 6 de octubre, SODePAZ asistió en Bilbao a las Jornadas Internacionales “Palestina: economía del genocidio y empresas cómplices”, organizadas por Paz con Dignidad y su Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL). Durante dos días, activistas y personas expertas, tanto palestinas como de otros países, analizaron el papel de las empresas, la banca y las grandes tecnológicas en la ocupación y el genocidio, y debatieron cómo exigir responsabilidades, con una mesa dedicada a las estrategias y el impacto del BDS. Para nosotras, fue una cita natural: entender quién se beneficia del genocidio es el primer paso para dejar de financiarlo.

Espacios como este sostienen una causa que hay que defender cada día, aunque el mundo mire para otro lado, aunque la fatiga informativa empuje a pasar de página, aunque parezca que ya se ha dicho todo. Seguir ahí, sin cansarse, es también una forma de resistencia frente a un genocidio que no se puede normalizar y que no puede quedar impune.

Pero esa resistencia no cabe solo en las salas de jornadas. A veces aparece donde menos se espera: en un campo de fútbol. Unos días antes, la selección de Irlanda tuvo que hacerse una pregunta que ninguna plantilla querría hacerse: ¿se puede jugar como si nada contra Israel mientras se comete un genocidio en Gaza? Sus jugadores lo votaron entre ellos, y el portero Gavin Bazunu decidió no participar en los partidos como gesto personal contra la guerra. Los demás salieron al campo, pero no con normalidad: no estrecharon la mano a sus rivales, miraron al césped durante el himno israelí y llevaron brazaletes negros en memoria de las víctimas de Gaza. Desde el Gobierno de Israel acusaron a Dublín de estar “en el lado equivocado de la historia”. Nosotras creemos todo lo contrario, que están en el lado correcto.

Cuando una selección de fútbol decide que no puede jugar como si nada contra un país que comete un genocidio en Gaza, se suma a un movimiento que lleva años creciendo en calles, parlamentos y mercados. En SODePAZ, que defendemos la causa palestina desde 1993, reconocemos en ese gesto una forma más de activismo. Es el de las personas que salen a la calle, el de quienes deciden qué compran y qué no, el de los gobiernos que, como Irlanda, prohíben por ley los productos de los asentamientos ilegales, y también el de unos futbolistas que se niegan a dar normalidad a lo que no es normal. Ninguna de estas acciones basta por sí sola; todas suman.

Esa es la lógica con la que trabajamos: sostener la denuncia, acompañar a las organizaciones palestinas de derechos humanos, organizar mesas de debates, exposiciones, homenajes a las víctimas, y difundir el boicot, la desinversión y las sanciones (BDS) como herramienta al alcance de cualquier persona. Defendemos que el derecho internacional no es un adorno diplomático, que el pueblo palestino tiene derecho a existir, a su tierra, a su hogar y a una vida digna, y que la solidaridad internacional debe traducirse en medidas concretas, también en los espacios que parecen más ajenos.

Del auditorio de unas jornadas al césped de un estadio, el deporte, la cultura, el consumo, el comercio y la política institucional son espacios donde se decide, y en todos ellos se puede elegir entre normalizar o señalar. Ante un genocidio, no hay terreno neutral.

Con Palestina, siempre.

EL DERECHO A UN TECHO NO ENTIENDE DE FRONTERAS: SODEPAZ CON LA MAREA POR LA VIVIENDA

Las últimas semanas han devuelto a las calles de España una movilización social que no se veía con esta intensidad desde hace años. Convocadas por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos tras el desahucio de una mujer de 87 años en Madrid y el rechazo en el Congreso de los decretos de vivienda, decenas de manifestaciones y acampadas han recorrido más de cincuenta ciudades españolas, desde Madrid hasta Oviedo, pasando por Zaragoza, Valencia, Málaga o Palma de Mallorca. Con el eco constante de las llaves y el grito de “fuera rentistas”, miles de personas reclaman medidas urgentes frente a la subida de los alquileres, los fondos buitre y los desahucios, y con la mirada puesta en la huelga general del próximo 11 de noviembre.

Maricarmen vivía desde hacía más de setenta años en la misma casa del barrio madrileño de Retiro. Durante años, peleó en los tribunales para no perderla, y el 23 de septiembre fue sacada de ella en camilla. Desde entonces, permaneció ingresada, y su entorno alertó del deterioro de su salud. Ahora ha fallecido. Su caso nos recuerda lo que las cifras no cuentan: que no tener un lugar donde vivir con dignidad, o vivir con el miedo constante a perderlo, enferma y mata. Por eso, su nombre debe quedar como símbolo de esa realidad. Nos sumamos a quienes exigen que nadie más tenga que vivir, ni morir, así.

Desde SODePAZ, seguimos con atención y cercanía esta movilización, porque reconocemos en ella la misma lógica que llevamos décadas denunciando en nuestro trabajo internacional: la de un sistema que convierte derechos básicos —la vivienda, el agua, la tierra, la energía— en mercancías con las que especular, dejando fuera a quienes más los necesitan.

En Palestina, el derecho a un techo se vulnera de la forma más brutal: la demolición de viviendas palestinas y la expansión de asentamientos ilegales son, desde hace décadas, una herramienta más de la ocupación, y hoy, tras meses de bombardeos, cientos de miles de personas en Gaza han perdido literalmente su casa. En Guatemala, el problema tiene otro rostro: el acaparamiento de tierra y agua por parte de grandes propietarios deja a comunidades enteras del Corredor Seco sin la base mínima sobre la que construir una vida digna. En Cuba, el bloqueo económico dificulta el acceso a materiales de construcción y encarece cualquier intento de reparar o levantar una vivienda, convirtiendo algo tan básico como un techo en sí mismo en una lucha cotidiana. Y en Haití, la falta de vivienda segura se entrelaza con la vulnerabilidad ante los desastres naturales y la ausencia de soberanía alimentaria, en un país donde tener un lugar estable donde vivir es, para muchas familias, un objetivo diario.

Las causas no son idénticas a las de la crisis de la vivienda en España —aquí no hay bloqueo ni ocupación militar—, pero el patrón de fondo se repite: un recurso esencial para vivir con dignidad queda en manos de quien puede pagarlo o de quien tiene el poder de decidir sobre él, mientras que los demás, quedan fuera. Para SODePAZ, lo esencial para vivir —la tierra, el agua, un techo— debe pertenecer siempre a los pueblos y a las personas, nunca a quien especula con ello.

Como organización que cree en la economía social y solidaria frente a la lógica especulativa, nos sumamos a quienes exigen que la vivienda se entienda como lo que es: un derecho, no un negocio. Con los pueblos del Sur, y también con quienes hoy toman las calles de todas las ciudades de este país, porque la dignidad no entiende de fronteras.

GALICIA DA UN PASO MÁS HACIA UNA COOPERACIÓN FEMINISTA Y DESCOLONIAL

Los días 16 y 17 de septiembre se celebraron las dos últimas sesiones de la formación sobre enfoques feministas e interseccionales impulsada por la Coordinadora Galega de ONGD junto a la Xunta de Galicia. El objetivo: incorporar mejores formas de hacer cooperación feminista en contextos cada vez más adversos, y que las conclusiones de estas jornadas alimenten el nuevo Plan Director de Cooperación Galega para los próximos cuatro años.

Despatriarcalizar y descolonizar la cooperación

La primera sesión, titulada “A urxencia de despatriarcalizar e descolonizar a cooperación internacional”, arrancó con la intervención de María Galindo, psicóloga, activista, comunicadora radial y artista boliviana, cofundadora del colectivo Mujeres Creando y una de las voces más influyentes del feminismo latinoamericano. Galindo cuestionó el propio término “cooperación internacional”, que a su juicio debería llamarse “restitución”, dado el legado colonial y extractivista que atraviesa la relación entre el Norte y el Sur global, y denunció la existencia de una “tecnocracia de género”: categorías impuestas desde el Norte, como “empoderamiento”, que en la práctica han derivado en mecanismos de endeudamiento de mujeres empobrecidas a tasas de interés muy elevadas.

Expuso, también, su tesis de la despatriarcalización, entendida como un proceso que ya está en marcha de forma subterránea (lo que llama “feminismo intuitivo”), como método para desarmar el patriarcado pieza por pieza sin caer en la lógica homogeneizadora de los movimientos identitarios, y como utopía que no busca la inclusión en el sistema sino su transformación: “no queremos inclusión, queremos revolución”. Introdujo, además, el concepto de “alianzas insólitas” (vínculos entre sujetos a los que históricamente se les ha impedido relacionarse entre sí) y relató, en el turno de preguntas, las amenazas de muerte y el hostigamiento que sufre por su activismo, defendiendo la alegría como forma de resistencia frente a la lógica de la victimización.

A continuación, la periodista e investigadora Zinthia Álvarez Palomino, especializada en migraciones y memoria decolonial, planteó una pregunta de partida: quién tiene el poder de decidir qué significa “ayudar” dentro de las organizaciones. Argumentó que la cooperación internacional no es neutral, porque reproduce una idea de conocimiento “objetivo y universal” que en realidad responde a un lugar de enunciación muy concreto (blanco, europeo, masculino, de clase dominante), y que esa lógica organiza desde cómo se entiende el tiempo (lo rápido como eficiente, lo lento como atraso) hasta quién decide sobre los recursos o qué conocimiento se considera válido. Frente a ello, propuso herramientas prácticas: revisar quién participa y quién decide en cada espacio, usar un lenguaje situado y accesible, redistribuir protagonismo y recursos, hacer visible el propio lugar de poder y negociar con las entidades financiadoras plazos y condiciones más ajustados a los procesos reales.

Cooperar en contextos hostiles

La segunda mesa reunió los testimonios de tres organizaciones que trabajan en contextos de fuerte hostigamiento hacia los feminismos. Rocío Gutiérrez, del Movimiento Manuela Ramos (Perú), describió el impacto de la reciente “ley anti-ONG” peruana, que exige conformidad previa de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional para ejecutar proyectos, prohíbe usar fondos para movilizaciones y ha disparado la carga de fiscalización de las organizaciones. Morena Herrera, de La Colectiva (El Salvador), habló de un contexto de “totalitarismo moderno” marcado por la ley de agentes extranjeros, y explicó cómo algunas organizaciones han optado por renunciar a su personería jurídica, buscando vías alternativas de financiación. Rosa Benicia Maradiaga, de la Asociación de Mujeres Defensoras de la Vida (Honduras), contextualizó su intervención en la crisis alimentaria que atraviesa el sur del país por falta de lluvias, y pidió mayor flexibilidad para reorientar proyectos hacia emergencias sobrevenidas.

Las tres coincidieron en varias recomendaciones para la cooperación gallega: proyectos de mayor duración y calendarios más flexibles, ajustados a los tiempos reales de los procesos sociales; revisión de exigencias administrativas que generan vacíos presupuestarios o cargas desproporcionadas; y mayor previsión de partidas para comunicación, clave para disputar narrativas frente a los discursos antiderechos. El debate final giró en torno a la posibilidad de crear fondos comunes o plataformas regionales entre organizaciones y financiadores, para no depender de una única fuente ante un contexto cada vez más incierto.

Organizaciones habitables: la experiencia de REAS Euskadi

La segunda jornada, “Será habitable ou non será. Outras organizacións para outras economías”, estuvo a cargo de Zaloa Pérez Hernandorena y Silvia Piris Lekuona, de REAS Euskadi, red de economía social y solidaria de Euskadi formada por más de 130 organizaciones. Presentaron el proceso Bizigarri, su plan de transformación organizacional feminista, activo desde 2018 y sostenido gracias al compromiso institucional (una comisión específica con presupuesto propio) y al apoyo económico continuado de la Agencia Vasca de Cooperación.

Entre las herramientas generadas destacaron las “reuniones habitables”, con roles de cuidado rotativos; un diccionario feminista para la economía solidaria; y la publicación “Ser habitable o no será”, dirigida a organizaciones pequeñas. Silvia Piris presentó además el proceso de política laboral feminista impulsado junto a Setem y Mugarik Gabe desde 2022, centrado en cinco ámbitos (tiempos, condiciones económicas, organización del trabajo, capacidades y participación, espacios e identidad y clima laboral) y plasmado en una propuesta de diez principios y veinte acuerdos, pensada como mapa de referencia y no como estándar cerrado.

El debate final abordó una pregunta que atravesó toda la jornada: cómo dedicar tiempo y recursos a estos procesos internos sin que ello se perciba como un privilegio frente a organizaciones de otros territorios que sufren persecución directa. La respuesta de las ponentes fue clara: no se trata de una elección excluyente, y el trabajo interno de revisión organizacional incide directamente en cómo se construyen las alianzas con las socias del Sur.

La sesión terminó sin conclusiones definitivas, pero con un compromiso firme: trasladar estos aprendizajes al contexto gallego y recoger todo lo compartido en ambas jornadas en un documento de propuestas que se compartirá con las organizaciones socias, como insumo directo para el nuevo Plan Director de Cooperación Galega.

CASI CUARENTA AÑOS DE ESPERANZA CON LAS MANOS OCUPADAS

En la acampada de Sol, entre lonas blancas y azules, cuelga un cartón escrito a mano con unos versos de Silvio Rodríguez. Hablan de la esperanza, de qué cosa seríamos si dejáramos de creer en ella. Alguien se tomó el trabajo de copiarlos con rotulador y colgarlos en medio de una plaza, en medio de la lluvia, en medio de todo. Y al verlos, pensamos que esos mismos versos podrían estar colgados también en nuestra sede, o en cualquiera de las comunidades con las que trabajamos desde hace casi cuarenta años.

Porque no hemos crecido en tiempos fáciles. Hemos visto guerras que se eternizan, bloqueos que asfixian a países enteros, violencia que arranca a la gente de su tierra, un clima cada vez más desbocado y un planeta que se queda sin energía para los más pobres. Con ese paisaje, hablar de esperanza puede parecer ingenuo. Nosotras hemos aprendido lo contrario. En un mundo hostil, la esperanza no se espera, se trabaja.

Se trabaja con las manos. Con las de quien cava un pozo en el Corredor Seco guatemalteco y las de quien, años después, abre un grifo en su casa por primera vez. Con las de quien reparte pasta, café y azúcar de comercio justo para que una cooperativa del Sur siga adelante. Con las de quien firma una cuota mensual sin ver nunca a quién ayuda, y las de quien escribe, traduce, organiza, cuenta o acompaña. Casi cuarenta años de manos, de personas que pasaron por SODePAZ, que se quedaron o que siguen siendo parte de ella desde la distancia, y que han hecho posible que hoy sigamos aquí.

No siempre hemos ganado. Hay proyectos que tardaron años en dar fruto y otros que no salieron como esperábamos. Hay países donde la situación hoy es peor que cuando llegamos. Pero la esperanza no consiste en tener garantizado el final, sino en negarse a aceptar que las cosas no puedan cambiar y en hacer algo, aunque sea pequeño, para que cambien.

Por eso seguimos. No porque el contexto sea favorable, sino porque, desde 1987, cada vez que alguien dijo “no hay nada que hacer”, hubo gente que se puso a hacer algo.

La esperanza también cumple años. Gracias por ayudarnos a que siga cumpliéndolos.

Día Mundial del Hábitat 2026: SODePAZ se suma a la exigencia de una vivienda digna para todas las personas en Guatemala

Este 5 de octubre, con motivo del Día Mundial del Hábitat, el Comité Popular de Vivienda y Hábitat de Guatemala ha hecho público un pronunciamiento en el que reafirma que toda persona, familia y comunidad tiene derecho a una vivienda digna y a un lugar seguro donde vivir en paz y con dignidad. Entre las organizaciones que integran el Comité se encuentra MEJORHA, con quien SODePAZ trabaja en Guatemala desde 2012.

El comunicado recuerda que el país arrastra un déficit habitacional superior a los 2 millones de viviendas, y denuncia que la corrupción estructural, la captura de instituciones y las barreras políticas y administrativas limitan la capacidad del Estado para garantizar este derecho, afectando sobre todo a las poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad.

Entre sus demandas al Estado guatemalteco, el Comité Popular reclama:

  • Garantizar el derecho a una vivienda digna con un enfoque de derechos humanos, género, interculturalidad y sostenibilidad ambiental.
  • Eliminar las barreras políticas, institucionales y administrativas, reforzando la transparencia y la rendición de cuentas.
  • Abordar la problemática de la tierra, reconociendo las formas de tenencia colectivas, comunitarias y ancestrales, y protegiendo a los pueblos indígenas frente a los desalojos.
  • Implementar las recomendaciones del Relator Especial de Naciones Unidas sobre una Vivienda Adecuada.
  • Incrementar la inversión pública y crear un Programa de Producción Social de Vivienda.
  • Garantizar la participación efectiva de la población en las políticas de vivienda y hábitat.

Desde SODePAZ, nos unimos a esta reivindicación y expresamos nuestra solidaridad con MEJORHA y con el resto de organizaciones que, desde Guatemala, trabajan cada día para que la vivienda y el hábitat sean un derecho y no un privilegio.

«Vivienda digna para todas las personas. La tierra, la vivienda y el hábitat son derechos humanos».

CUBA Y LA “REVOLUCIÓN” FOTOVOLTAICA

MARÍA GALINDO: “NO QUEREMOS INCLUSIÓN, QUEREMOS REVOLUCIÓN”

Nacida en La Paz en 1964, María Galindo es psicóloga de formación, pero se ha hecho un nombre como activista, comunicadora radial y artista, y es hoy una de las voces más influyentes del feminismo latinoamericano. Lleva más de treinta años combinando pensamiento, calle y creación para luchar contra el patriarcado y el colonialismo en Bolivia, y su tesis de la despatriarcalización, forjada desde la calle y no desde el aula, la ha convertido en una referente indiscutible.

En 1992, cofundó, junto a Julieta Paredes y Mónica Mendoza, el colectivo Mujeres Creando, un movimiento anarcofeminista boliviano que desde entonces combina activismo callejero, arte y acción política para luchar contra el patriarcado, el colonialismo y las estructuras de poder, con especial atención a las mujeres indígenas, las trabajadoras sexuales y la población LGBTQ+. Sus grafitis —”ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”, “el feminicidio es un crimen del Estado patriarcal”— han llenado durante años los muros de La Paz y otras ciudades bolivianas, convirtiendo la calle en el principal espacio de enunciación política del colectivo.

Desde “La Virgen de los Deseos”, su casa autogestionada con sede en La Paz y Santa Cruz de la Sierra, Mujeres Creando ha construido durante décadas lo que Galindo llama una “oferta concreta de justicia” para las mujeres: no un simple servicio de asesoramiento jurídico, sino un acompañamiento que combina asistencia legal con la construcción colectiva de una utopía de justicia feminista, formalizada en su diplomado “Justicia feminista”. Codirige, además, Radio Deseo, espacio de denuncia y crítica social desde el que el colectivo lleva años incomodando tanto al poder estatal como a la propia cooperación internacional, a la que acusa de haber jugado un papel profundamente colonial en su relación con los feminismos del Sur.

Es autora de varios libros que hoy son referencia obligada para pensar el feminismo desde el Sur global: Ninguna mujer nace para puta (2007), No se puede descolonizar sin despatriarcalizar (2013) —donde desarrolló la tesis política por la que es más conocida— y Feminismo bastardo (2022), con prólogo de Paul B. Preciado. Su pensamiento parte de una idea central: no puede haber descolonización sin despatriarcalización, ni despatriarcalización sin descolonización, porque en las sociedades del Sur el patriarcado no es una estructura universal y unívoca, sino una estructura compleja, atravesada por capas coloniales, precoloniales e internalizadas, que hay que desarmar pieza por pieza. De ahí, también su rechazo a la narrativa de las “olas” del feminismo, que considera una genealogía eurocéntrica, y su defensa de múltiples genealogías feministas, tan locales cada una como cualquier otra.

Frente a los movimientos identitarios, a los que critica por homogeneizar la identidad y desviar la energía política hacia luchas que no cuestionan la estructura de privilegios de fondo, Galindo ha planteado el concepto de “alianzas insólitas”: vínculos entre sujetos a los que históricamente se les ha impedido relacionarse —mujeres indígenas, trabajadoras sexuales, personas lesbianas—, resumidos en la metáfora que ha hecho suya el colectivo: “indias, putas y lesbianas juntas, revueltas y hermanadas”. Como lesbiana declarada abiertamente desde sus primeros años de militancia, ha sido también una voz crítica dentro de los propios movimientos LGBTIQ+ institucionalizados, a los que acusa de repetir, generación tras generación, los mismos discursos sin producir pensamiento propio.

Su trabajo no ha estado exento de riesgo. Galindo ha sido procesada judicialmente por sus intervenciones callejeras —como el grafiti “El feminicidio es un crimen del Estado patriarcal”, por el que fue citada a declarar en 2015— y ha denunciado en numerosas ocasiones amenazas de muerte vinculadas tanto a su activismo territorial y económico como a episodios de homofobia. Frente a esa hostilidad, ha reivindicado sistemáticamente la alegría y la felicidad como forma de resistencia, rechazando la lógica de la victimización que, sostiene, es precisamente lo que sus adversarios esperan de ella.

Con la cooperación internacional mantiene una relación especialmente crítica. Sostiene que ni siquiera debería llamarse “cooperación”, sino “restitución”, dado el legado colonial y extractivista que atraviesa la relación entre el Norte y el Sur global. Y denuncia lo que llama una “tecnocracia de género”: categorías impuestas desde el Norte, como “empoderamiento”, que en la práctica han derivado en mecanismos de endeudamiento de mujeres empobrecidas a tasas de interés muy elevadas.

Para Galindo, el objetivo nunca ha sido sentarse en la mesa del poder, sino acabar con esa mesa. Bolivia tiene hoy un parlamento en el que más de la mitad de los escaños los ocupan mujeres, y aun así Galindo lo desprecia por representar una biología, no una ideología. Esa es, precisamente, la distancia que separa su proyecto de cualquier otro: no se trata de ganar sillas dentro del sistema patriarcal y colonial, sino de desarmarlo pieza por pieza, hasta que ya no quede sistema al que pedirle sitio. “No queremos inclusión, queremos revolución.”

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Queremos seguir agradeciendo, de la mejor forma posible, el compromiso de quienes forman parte de SODePAZ. Por eso, tanto nuestras socias y socios actuales como quienes se vayan sumando próximamente recibirán por correo un cupón de descuento del 5% para su próxima compra en nuestra tienda online.

El cupón tendrá una validez de 4 meses desde el momento en que lo recibas, para que puedas aprovecharlo en productos de comercio justo: café, azúcar de Cuba, pasta Libera Terra, chocolate, aceite de oliva y mucho más.

Si todavía no eres socia o socio, este es un buen momento para dar el paso: tu aportación nos ayuda a seguir apoyando las causas de los pueblos del Sur silenciadas y ninguneadas. Y cada compra en nuestra tienda suma en la misma dirección. ¡Anímate!

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Líneas de trabajo

Turismo solidario

La voz de SODePAZ

El turismo solidario fue durante años una de las señas de identidad más reconocibles de SODePAZ y una de las herramientas más potentes para conectar a nuestra base social con las realidades de los
territorios en los que trabajamos. Una práctica de intercooperación y encuentro horizontal entre personas del Norte y comunidades del Sur, en la que el viaje era también un acto político y de consumo responsable. Visitar con respeto, aprender con humildad y volver transformadas. Así entendíamos el turismo solidario.

Los viajes combinaban la experiencia directa con las comunidades, la formación política sobre el contexto y el encuentro con organizaciones de mujeres, proyectos agroecológicos e iniciativas de soberanía alimentaria. El contacto directo hacía visible, de forma encarnada, que otro modelo de relación entre las personas y el territorio es posible y ya está en marcha.

Qué hicimos y dónde estamos

El 75% de las personas que viajaron con SODePAZ fueron mujeres. Esta realidad orientó el diseño de los programas: en cada itinerario incluíamos encuentros con mujeres que lideran cooperativas, proyectos comunitarios y luchas por sus derechos, haciendo visible lo que el turismo convencional no muestra.

Esta línea cumplió con creces su propósito. Su cierre no responde a un fracaso ni a un cambio de orientación: la intensificación de los conflictos, la crisis climática y la insostenibilidad ambiental de los desplazamientos internacionales hicieron inviable mantenerla con la coherencia y la calidad que SODePAZ siempre le exigió. La experiencia acumulada, las metodologías desarrolladas y las alianzas construidas siguen siendo parte del patrimonio vivo de la organización.

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Líneas de trabajo

Cooperación internacional para la justicia global

La voz de SODePAZ

La cooperación internacional es el eje central de nuestra acción. La entendemos como una herramienta política y técnica al servicio del fortalecimiento de capacidades locales, la ampliación de derechos y la construcción de alternativas. Cooperar, para SODePAZ, significa acompañar procesos comunitarios de medio y largo plazo, basados en la confianza, la corresponsabilidad y el respeto mutuo.

Trabajamos en ámbitos como la soberanía alimentaria, la gestión sostenible de recursos naturales, el acceso al agua segura, la transición energética, la resiliencia comunitaria y el fortalecimiento organizativo. Priorizamos proyectos que integren varias dimensiones del desarrollo y que respondan a necesidades definidas desde los propios territorios y comunidades.

Qué hacemos

Desde nuestros inicios, desarrollamos proyectos de cooperación en países como Cuba, Guatemala, Haití, Ecuador y Palestina. Actuamos en los sectores de las energías renovables, la soberanía alimentaria, la salud, los derechos humanos, el acceso al agua potable y la lucha contra el cambio climático.

En Cuba, nuestra trayectoria más larga, combinamos cooperación energética, comercio justo y trabajo con universidades y centros científicos. En Guatemala, nos concentramos en el Corredor Seco: agua, agroecología, soberanía alimentaria y fortalecimiento de las organizaciones de mujeres. En Haití, articulamos respuesta humanitaria con construcción de resiliencia comunitaria. En Ecuador, impulsamos desarrollo rural sostenible y cooperación triangular Sur-Sur. En Palestina, actuamos desde la solidaridad política y el acompañamiento a organizaciones locales.

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Acción humanitaria y resiliencia comunitaria

La voz de SODePAZ

Cuando la crisis llega, la solidaridad se activa. La acción humanitaria de SODePAZ se construye sobre relaciones previas con organizaciones locales: somos capaces de responder porque llevamos años construyendo confianza en los territorios. Actuamos ante situaciones de emergencia con recursos básicos, apoyo logístico y una base social movilizada, siempre desde una mirada de derechos, género y sostenibilidad.

La experiencia en Cuba y Haití ha demostrado la importancia de estas redes: cuando la emergencia llega, la capacidad de respuesta ya está tejida. Toda intervención humanitaria se articula con procesos de desarrollo a largo

Qué hacemos

Participamos en campañas de solidaridad internacional con Palestina, Cuba y los pueblos en resistencia. Somos activos en la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), en defensa de los derechos del pueblo palestino. Mantenemos redes de solidaridad con organizaciones locales en los países donde trabajamos, que permiten articular respuestas rápidas y coherentes con las dinámicas comunitarias.

Nuestra acción humanitaria cumple los principios internacionales de humanidad, imparcialidad e independencia, y prioriza la participación de las comunidades afectadas en el diseño y la gestión de las intervenciones. Nos guía la convicción de que la ayuda eficaz es la que fortalece capacidades locales, no la que las sustituye.

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Líneas de trabajo

Educación para la ciudadanía global y transformación social

La voz de SODePAZ

La educación para la ciudadanía global es, para SODePAZ, una apuesta política. Orientada a derribar muros de ignorancia, prejuicio, colonialidad y desmovilización social, esta línea busca construir pensamiento crítico, capacidad de análisis y compromiso con la transformación. Creemos que cambiar el mundo empieza por entenderlo.

Trabajamos especialmente con jóvenes, universidades, profesorado, movimientos sociales y colectivos de la economía solidaria. Promovemos la reflexión sobre las causas estructurales de las desigualdades y construimos, junto a centros de investigación del Estado español y de los países donde trabajamos, una comunidad de aprendizaje comprometida con la justicia global.

Qué hacemos

Desarrollamos programas educativos, actividades de sensibilización y espacios de formación sobre temas como la soberanía alimentaria, la justicia climática, los derechos humanos, las relaciones Norte-Sur y la economía solidaria. Impulsamos talleres, seminarios, materiales didácticos y publicaciones periódicas.

Trabajamos la dimensión migratoria como eje de sensibilización: promovemos el conocimiento de las causas estructurales de la movilidad humana y contribuimos a construir una sociedad de acogida crítica, antirracista y feminista. A través de exposiciones como “Bienvenidas” y herramientas de comunicación electrónica, acercamos estas realidades a la ciudadanía.

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Líneas de trabajo

Incidencia política y movilización social

La voz de SODePAZ

SODePAZ se define como una organización con vocación política, comprometida con la transformación de las estructuras que generan desigualdad. La incidencia política es uno de los ejes centrales de nuestra acción: queremos influir en políticas públicas, generar debate social y fortalecer las redes de
solidaridad internacional.

Impulsamos campañas, acciones de denuncia y espacios de articulación con otros actores, abordando cuestiones como los derechos humanos, la justicia climática, las relaciones Norte-Sur, el militarismo, el racismo estructural y la defensa de los pueblos sometidos a ocupación, bloqueo o violencia sistémica. La movilización social es una herramienta clave para generar cambios estructurales reales.

Qué hacemos

Participamos en redes, plataformas y coordinadoras de la sociedad civil española e internacional. Elaboramos materiales, campañas y posicionamientos públicos que visibilizan problemáticas y contribuyen a situarlas en la agenda social y política. Conectamos el trabajo en terreno con el discurso político: lo que ocurre en Cuba, Palestina o Guatemala tiene implicaciones aquí, y lo decimos.

Promovemos los derechos humanos en la agenda pública a través de estrategias con medios locales, nacionales e internacionales, redes sociales y publicaciones. Con un enfoque multidisciplinar construido a lo largo de nuestra trayectoria, cada una de nuestras líneas contribuye a incidir en el desarrollo de una política basada en la sensibilización, la educación y la construcción de una ciudadanía global crítica.

→ Recursos 

Líneas de trabajo

Comunicación participativa y estratégica

La voz de SODePAZ

La comunicación es para SODePAZ un eje de acción política, una herramienta estratégica al servicio de la incidencia y la construcción de base social. En un contexto de saturación informativa, apostamos por una comunicación que prime la calidad sobre la cantidad, la profundidad sobre el ruido y la coherencia sobre la presencia constante.

Vigilamos activamente nuestra propia comunicación: qué se dice, cómo se dice, a quién se dirige y con qué propósito. Combinamos diferentes canales y formatos, promovemos la participación de socias y voluntarias, y reforzamos la producción de narrativas propias. La comunicación no es un departamento aparte: acompaña todo el ciclo de intervención y se vincula a la sistematización de experiencias y al fortalecimiento de la incidencia.

Qué hacemos

Producimos materiales informativos, publicaciones periódicas, contenidos audiovisuales y presencia en redes sociales. Apostamos por formatos que permitan conectar con nuevas audiencias, especialmente jóvenes, sin renunciar a la profundidad política ni a la capacidad crítica que define la identidad de
SODePAZ.

Promovemos los derechos humanos en la agenda pública a través de estrategias comunicativas con medios locales, nacionales e internacionales. Generamos y difundimos el conocimiento producido en nuestros proyectos, con el objetivo de posicionar a SODePAZ como referente en los ámbitos en los que trabaja. La comunicación, para nosotras, es también militancia.

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Líneas de trabajo

Economía social y solidaria: comercio justo y consumo responsable

La voz de SODePAZ

La economía social y solidaria constituye para SODePAZ un marco político y ético desde el que entendemos la relación entre producción, consumo y transformación social. Frente a un modelo económico basado en la acumulación y la competencia, apostamos por prácticas orientadas a la sostenibilidad de la vida, la distribución justa de la riqueza y la democratización de la economía. Porque existen alternativas reales, construidas desde movimientos sociales y economías transformadoras, que se atreven a imaginar y practicar otros mundos posibles.

El comercio justo cumple para nosotras una doble función estratégica: genera ingresos propios que refuerzan la autonomía de la organización y sirve como herramienta de educación crítica y sensibilización con las realidades de los territorios de intervención. El consumo responsable no es una opción individual, sino un derecho colectivo y una herramienta de transformación social.

Qué hacemos

Llevamos 30 años impulsando el comercio justo internacional y local. Importamos productos de los territorios donde trabajamos y los distribuimos a través de nuestra tienda online y punto de venta en
Madrid (C/ La Palma 69). Trabajamos en circuitos de intercooperación con redes solidarias como Medicuba Europa y el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba.

Somos impulsores de la web GRUPO A GRUPO, nacida para la coordinación de productores ecológicos, distribuidores y grupos de consumo, con más de 9.000 personas y entidades registradas. Pertenecemos a la red Espacio por un Comercio Justo y formamos parte de la cooperativa Espanìca. Apostamos por canales alternativos de comercialización que eviten que los mecanismos burocráticos de certificación discriminen iniciativas locales de verdadero valor solidario.

→ Si quieres conocer en profundidad nuestra hoja de ruta

Nuestros valores

Justicia social

Trabajamos por transformar las estructuras que generan desigualdad entre los pueblos del Norte y el Sur global. La justicia social no es un objetivo final, sino el horizonte permanente que orienta todas nuestras acciones.

Entendemos que la pobreza y la exclusión no son fenómenos naturales sino el resultado de sistemas económicos y políticos injustos que es posible y necesario cambiar. Por eso apostamos por la incidencia política, la sensibilización y la cooperación directa con comunidades del Sur global.

Creemos en una solidaridad que va más allá de la caridad: una solidaridad que reconoce la dignidad de todas las personas y trabaja para que los derechos sean efectivos, no solo declarados.

Nuestros valores

Comercio justo

La voz de SODePAZ

Promovemos relaciones comerciales equitativas que respeten los derechos de los productores y productoras del Sur. Llevamos más de 30 años apostando por el comercio justo como herramienta de transformación social y económica.

Importamos directamente productos de cooperativas y comunidades con las que trabajamos: café de Cuba, azúcar ecológica, aceite de oliva de Marinaleda, chocolate y otros productos que garantizan precios justos a quienes los producen.

No distribuimos en grandes superficies. Utilizamos canales alternativos: nuestra tienda física, grupos de consumo y redes de economía solidaria, porque creemos que el dónde y el cómo compramos también es político.

Nuestros valores

Equidad de género

La perspectiva de género es transversal en todos nuestros proyectos, programas y actividades. No es un añadido ni un requisito burocrático: es una convicción que atraviesa toda nuestra forma de entender el mundo y de trabajar.

El 60% de las personas que pasan hambre en el mundo son mujeres y niñas. Las mujeres realizan el 66% del trabajo mundial pero perciben solo el 10% de los ingresos. Esta realidad nos obliga a colocar la equidad de género en el centro de la cooperación al desarrollo.

En SODePAZ contamos con una Estrategia de Género propia que guía la incorporación del enfoque feminista en todos nuestros proyectos, desde el diagnóstico hasta la evaluación.

Nuestros valores

Soberanía alimentaria

Apoyamos el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas alimentarias, sin dependencia de mercados globales que no respetan ni a las personas ni al planeta. La soberanía alimentaria es un derecho, no un privilegio.

Trabajamos con comunidades campesinas en Guatemala, Cuba, Colombia y Haití para fortalecer sistemas agroecológicos locales, recuperar semillas tradicionales y garantizar el acceso a agua y tierra.

Creemos que la agroecología es la respuesta más coherente a la crisis alimentaria y climática: produce alimentos sanos, cuida el territorio y empodera a las comunidades que lo habitan.

Nuestros valores

Democracia participativa

La voz de SODePAZ

Fomentamos la participación activa y radical de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones. La democracia representativa es insuficiente cuando las decisiones que afectan a las personas se toman lejos de ellas.

En nuestra propia organización apostamos por estructuras horizontales y participativas. Las socias y socios de SODePAZ tienen voz y voto en las decisiones estratégicas de la organización a través de la Asamblea General.

En los proyectos de cooperación, la participación de las comunidades no es un protocolo sino una condición: las comunidades definen sus necesidades, diseñan las soluciones y evalúan los resultados.

Nuestros valores

Derechos humanos

La defensa de los derechos humanos en todas sus formas es el eje central de nuestra misión. No distinguimos entre derechos civiles, políticos, económicos, sociales o culturales: todos son universales, indivisibles e interdependientes.

Trabajamos especialmente en contextos donde los derechos humanos están sistemáticamente vulnerados: Palestina, donde apoyamos a organizaciones que documentan violaciones y acompañan a presas políticas; Colombia, donde acompañamos a comunidades afectadas por el conflicto armado.

Creemos que la solidaridad internacional es en sí misma un ejercicio de defensa de los derechos humanos: visibilizar, denunciar e incidir desde el Norte para que los derechos sean reales en el Sur.

Nuestros valores

Respeto al medio ambiente

Actuamos desde la conciencia de que la crisis ecológica afecta especialmente a las comunidades más vulnerables del Sur global, que son quienes menos han contribuido a provocarla y quienes menos recursos tienen para afrontarla.

La transición ecológica no puede ser solo tecnológica: necesita ser también social, política y económica. Por eso promovemos energías renovables en Cuba, agroecología en Guatemala y Haití, y consumo responsable desde Madrid.

El respeto al medio ambiente no es opcional ni cosmético en nuestra organización: es una condición de posibilidad para la justicia social que queremos construir.

Nuestros valores

Pensamiento crítico

Promovemos una mirada crítica sobre las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad global. No nos conformamos con tratar síntomas: buscamos entender y transformar las causas.

La educación para el desarrollo y la sensibilización son herramientas fundamentales en nuestro trabajo. Organizamos talleres, seminarios, exposiciones y publicaciones para fomentar una ciudadanía global crítica y comprometida.

Cuestionamos los relatos dominantes sobre el desarrollo, la ayuda humanitaria y las relaciones Norte-Sur. Creemos que cambiar el mundo empieza por cambiar la manera de entenderlo.

Líneas de trabajo

Comunidad de aprendizaje

En los últimos años, SODePAZ ha ido consolidando una dimensión especialmente relevante de su trabajo: la construcción de una comunidad de aprendizaje vinculada a la cooperación transformadora, la educación para la ciudadanía global y la generación compartida de conocimiento.

Esta comunidad de aprendizaje no se limita a la firma de convenios o a la realización puntual de actividades formativas, sino que expresa una forma de entender la cooperación como un espacio de intercambio horizontal entre organizaciones sociales, comunidades, universidades, centros de investigación y actores públicos. Desde esta perspectiva, el conocimiento no se concibe como una producción exclusivamente académica ni como un recurso técnico separado de la práctica, sino como una construcción colectiva vinculada a procesos reales de transformación social.

SODePAZ ha ido tejiendo relaciones de colaboración con universidades, centros de formación y centros de investigación tanto del Estado español como de los países de intervención —Cuba, Haití, Palestina, Guatemala y Ecuador— y del entorno europeo. Este ecosistema de aprendizaje mutuo conecta investigación aplicada, formación, prácticas, voluntariado, cooperación internacional y acción política, y constituye una de las fortalezas del modelo de intervención de SODePAZ: permite intercambiar capacidades, acompañar procesos de innovación y conectar conocimiento técnico con compromiso social.

Esta comunidad de aprendizaje cumple varias funciones estratégicas. En primer lugar, fortalece la calidad técnica de las intervenciones, al facilitar el acceso a conocimiento especializado, capacidades de investigación y metodologías innovadoras. En segundo lugar, amplía el impacto de la educación para la transformación social, al conectar a estudiantes, profesorado y personal investigador con procesos concretos de cooperación y solidaridad internacional. En tercer lugar, contribuye a la legitimidad pública de la organización, al situarla como un actor capaz de articular puentes entre el ámbito social y el ámbito académico.

Para el periodo 2026–2034, SODePAZ se propone consolidar y ampliar esta comunidad de aprendizaje, reforzando los convenios existentes, promoviendo nuevas alianzas y generando espacios estables de intercambio, prácticas, investigación aplicada, formación y producción de materiales. Esta línea de trabajo permitirá fortalecer tanto la dimensión educativa y política de la organización como la calidad y sostenibilidad de sus intervenciones en cooperación internacional.