Bellinzona acogió el pasado 30 de mayo la Asamblea General de mediCuba-Europa, que desde hace tres décadas canaliza ayuda humanitaria hacia Cuba en los ámbitos sanitario, energético y alimentario. La cita reunió a representantes de organizaciones afiliadas de Suiza, Alemania, Suecia, Austria, Italia, Finlandia, Irlanda, Luxemburgo y España, en una jornada que combinó balance, homenaje y planificación de futuro.
El presidente Franco Cavalli abrió el encuentro con un mensaje que marcó el tono de toda la jornada: Cuba no puede afrontar sola la cruel situación de bloqueo que atraviesa, agravada por la posición distante e inerte de los gobiernos europeos ante lo que ocurre en la isla. La solidaridad internacional, subrayó, no es un gesto simbólico sino una responsabilidad compartida: y este es precisamente el momento de intensificarla.
La asamblea dedicó también un emotivo recuerdo al Dr. Klaus Piel, presidente de la asociación alemana Humanitäre Cuba Hilfe y miembro de la junta directiva de mediCuba-Europa, fallecido en noviembre tras dedicar buena parte de su vida a esta causa.
Marcapasos, heparina y placas solares: la ayuda que salva vidas
El informe anual, presentado por Manuel Vanegas, repasó los grandes proyectos de la red. La campaña de solidaridad para la adquisición de marcapasos “Con la mano en el corazón” alcanzará este año la cifra de 1.000 dispositivos implantados — un proyecto nacido de una petición directa del Ministerio de Salud Pública cubano que ha permitido ya que 760 personas recuperen una vida normal, y que ahora amplía su horizonte hacia la adquisición de stents.
En paralelo, avanza la producción local de heparina de bajo peso molecular, medicamento esencial para el sistema sanitario cubano, desarrollada en colaboración con BioCubaFarma y próxima a culminar su segunda fase, centrada en optimizar las dosis para reducir el desperdicio.
Pero si hay un eje que atraviesa toda la jornada, es la energía. Los proyectos fotovoltaicos se multiplican en hospitales e institutos de investigación cubanos — la ELAM, el Instituto Finlay, el Cardiocentro, el hospital pediátrico William Soler, entre otros —, con un criterio claro: priorizar instituciones sanitarias, asumir que no se resuelve el problema energético del país pero sí se alivian sus consecuencias más urgentes, y adaptar cada instalación a la realidad de cada centro. Beat Schmid, que visitó Cuba dos veces este año, ofreció un testimonio menos pesimista de lo habitual: la ELAM ha alcanzado ya un 45% de autosuficiencia energética, y los proyectos contratados suman 1.500 kWh, con la meta puesta en los 2.000 kWh para 2027.
Sodepaz: cooperación de proximidad, presencia sobre el terreno
En este sentido Sodepaz destacó el esfuerzo de conjugar la solidaridad con la cooperación, enfocando su aportación en el trabajo con entidades periféricas — más ágiles en la ejecución de los proyectos —, con experiencias destacadas en Las Tunas y Holguín. La clave de ese éxito radica también en la presencia constante de personal expatriado en Cuba, que permite un seguimiento directo de cada proyecto, además de una colaboración activa con universidades cubanas como la ELAM, la Universidad de Sancti Spíritus y la Universidad de La Habana.
En los últimos años, Sodepaz ha concentrado buena parte de su trabajo en energías renovables, electrificando edificios de la ELAM y del Instituto Finlay de Vacunas, y llevando sistemas autónomos de energía solar a comunidades rurales y centros de salud. Su papel ha sido reconocido en el Encuentro Europeo de Solidaridad, donde fue designada coordinadora europea en el ámbito de las energías renovables.
El esfuerzo logístico de la organización también fue puesto de relieve: solo entre 2025 y el presente año, ha enviado 21 contenedores a Cuba con insumos médicos, incluyendo alrededor de 2,5 millones de jeringuillas y material de construcción para techos.
Una red que no deja de crecer
El resto de asociaciones presentes confirmó la vitalidad de la red. La sueca Svensk-Kubanska Föreningen creció un 15% este año, hasta superar los 2.000 afiliados, aunque alertó sobre un problema que afecta a toda Europa: las crecientes dificultades bancarias para canalizar fondos de cooperación hacia Cuba, que exigen una respuesta política coordinada. La Asociación de amistad canario-cubana Antonio Pérez Monzón detalló una decena de proyectos en marcha — desde ecógrafos hasta medicamentos para emergencias por huracanes —, financiados por el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria. La asociación suiza-cubana del Tesino destacó sus “maletas solidarias”, un sistema de envío de material médico a través de viajeros particulares que ya ha realizado más de cien envíos. Desde Alemania, Humanitäre Cuba Hilfe repasó treinta años de actividad y más de mil contenedores enviados, mientras que Luxemburgo, Italia y Finlandia presentaron sus propios proyectos en marcha — desde el tratamiento del autismo infantil hasta campañas de recaudación que ya han superado los 320.000 euros para proyectos energéticos.
Mirando hacia adelante
La asamblea aprobó por unanimidad las cuentas de 2025 — con unos gastos administrativos que apenas alcanzan el 5% de los recursos gestionados — y ratificó la Junta Directiva, incorporando a Hermann Pernerstorfer en representación de la asociación austríaca ÖKG. De cara al futuro, los proyectos en estudio incluyen la adquisición de stents y glucómetros, nuevas líneas de medicamentos citostáticos y un ambicioso plan energético para policlínicos cubanos junto a BioCubaFarma.
Treinta años después de su nacimiento, mediCuba-Europa demuestra que la solidaridad organizada sigue siendo capaz de adaptarse, crecer y sostener resultados concretos.
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